«Esclavos» norcoreanos construyen lujosa ciudad de Catar

wikiUna reciente polémica envuelve a dos países, monárquicos a su forma. De un lado Catar, el multimillonario estado árabe, y del otro Corea del Norte, bajo el férreo mandato de Kim Jong-un.

 

Según un reporte del diario inglés The Guardian, obreros norcoreanos laboran en la construcción de obras e infraestructuras en suelo catarí, pero lo hacen bajo condiciones de semiesclavitud.

 

Catar, con una población de poco más de 2 millones de habitantes, necesita mano de obra. En su suelo laboran cada día miles de vietnamitas, indios, tailandeses y nepalíes bajo condiciones que han sido criticadas más de una vez por organizaciones internacionales —como Anti-Slavery Internacional y Human Rights Watch—. Sin embargo, son los norcoreanos los más explotados.

 

commonsHasta altas horas de la noche los obreros coreanos construyen las obras de lo que será la fastuosa Ciudad Lusail, una nueva isla situada a 15 kilómetros de la capital, Doha. Cuando concluyan las obras, Lusail tendrá dos modernos puertos deportivos, fastuosas zonas residenciales que sumarán más de 200 mil nuevas viviendas, boutiques de lujo, zonas de recreación y ocio, dos campos de golf y un estadio de fútbol preparado para la Copa del Mundo del 2022, con capacidad para 86 mil fanáticos.

 

Los súbditos de Kim Jong-un trabajan casi sin tomar respiro. A veces, incluso, descansan en el mismo lugar de trabajo, para evitar retrasos o pérdidas de tiempo. Son parcos y rehúsan cualquier contacto con la prensa o los extraños.

 

¿Cuánto cobran? Pues, solamente el 10% del salario convencional. El resto va a parar a las arcas del estado norcoreano. Estos esclavos «asalariados» fabrican un lujoso edificio residencial en Lusail. La construcción tendrá 19 pisos, incluirá 4 piscinas y apartamentos cuyo precio de renta mensual alcanzará cerca de 15 mil dólares.

 

flickr.co,

Lusail costará, de manera global, más de 44.4 miles de millones de dólares, un precio que los organizadores del primer mundial de fútbol en suelo árabe están dispuestos a pagar. Reducir los costos por medio del trabajo semiesclavo parece ser una de las opciones más económicas, a pesar de los peligros demostrados de esta práctica.

 

Los obreros norcoreanos están adscriptos a una empresa que suministra mano de obra a los cataríes. La empresa recibe el grueso del pago y los trabajadores solo perciben directamente pequeñas sumas que constituyen subsidios. Mensualmente los trabajadores ganan poco más de 800 dólares, pero deben entregar a la empresa el más del 80 por ciento. Hay otras formas de pago más onerosas, en dependencia del contrato.

 

Las versiones son contradictorias. Algunos obreros norcoreanos dicen que la mitad de su salario va a parar a manos de la familia. Sin embargo, algunos desertores refieren que los obreros solo perciben entre el 10-15 por ciento del salario, y que el resto va a parar a manos del estado norcoreano.

flickr.com

El horario de trabajo de los coreanos es extremo. Empiezan a las seis de la mañana todos los días y muchas veces permanecen a pie de obra hasta pasada la medianoche.

 

A pesar de esta imagen oscura, para los obreros norcoreanos es un privilegio laborar en un país extranjero. Las condiciones de trabajo al interior del país parecen ser mucho peores y la remuneración más escasa.

 

Desde inicios de los años 90 del siglo pasado, Corea del Norte aplica una política de exportación de mano de obra barata y eficiente. Bajo la administración de Kim Jong-un el número de trabajadores en otros países se ha duplicado.

 

No existen datos oficiales, pero se estima que cerca de 65 mil norcoreanos trabajan en similares condiciones en 40 países, en regiones tan distantes y difíciles como Siberia, las minas de Mongolia, Arabia Saudita y las fábricas del este de Europa.

 

 

 

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